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Sobre la sucesión hereditaria ( 2018-10-30 )

Si hay algo seguro en esta vida es la muerte, por lo que es recomendable –sobre todo para quienes tenemos canas– que dejemos claramente establecido a nuestros herederos la forma como deberán repartirse los pocos o muchos bienes que les podemos dejar, cuando pasemos a mejor vida.

Cuando una persona casada o en unión de hecho fallece, lo primero que debe hacerse es liquidar la sociedad conyugal –conformada por ambos– en la que a cada uno le corresponde el 50% de los bienes de esta. Si él o la causante tiene hijos y no ha dejado testamento, ni ha constituido un fideicomiso en el que ha dispuesto de sus bienes, estos deben repartirse en partes iguales entre sus hijos, quienes excluyen a los demás herederos; sin perjuicio de la porción conyugal (25% de los bienes del difunto) a la que tiene derecho el cónyuge que carezca de lo necesario para su congrua sustentación.

Si el difunto no ha dejado hijos, le sucederán sus ascendientes de grado más próximo, y el cónyuge, en cuyo caso la herencia se divide en dos partes: una para los ascendientes y otra para el cónyuge. Si no hay padres o ascendientes, toda la herencia corresponderá al cónyuge; y si no hay cónyuge, toda la herencia le corresponderá a los padres o a los ascendientes.

Si el causante o difunto no ha dejado hijos, ni tiene ascendientes, ni cónyuge: le sucederán sus hermanos y el Estado. A falta de todo tipo de herederos, sucederá el Estado.

Si ha dejado testamento: el 50% de sus bienes deben ser entregados a sus hijos en partes iguales, el 25% es de libre disposición del causante, y el 25% restante o “cuarta de mejoras” se puede utilizar para favorecer a uno o más de sus descendientes; sean o no legitimarios (hijos y/o padres).

A más del testamento, en la actualidad se usa la figura del fideicomiso, el cual es un contrato mercantil mediante el que el constituyente transfiere la propiedad de sus bienes a un patrimonio autónomo dotado de personalidad jurídica, para que él o la fiduciaria (su representante legal) cumpla con la voluntad del constituyente; todo lo cual debe constar en el referido contrato, en el que se planifica el traspaso de bienes del constituyente, con lo cual se evita todo un proceso sucesorio, que en muchas ocasiones termina distanciando a la familia.

Sea mediante testamento o fideicomiso, es recomendable que se establezca claramente la voluntad del causante o constituyente sobre el reparto de sus bienes, con la debida antelación y planificación, para evitar –en la medida de lo posible– que sus herederos se peleen por ellos.(O)

Miguel Macías Carmigniani, abogado, Guayaquil

 


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